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14 diciembre 2013

Crónica de un viaje al NOA 5/10: San Antonio de los Cobres – Viaducto de la Polvorilla

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Luego de un día de descanso en la ciudad, decidí tomar la otra excursión que tenía pendiente en mi lista de viaje: San Antonio de los Cobres y, si el clima lo permitía, el Viaducto de la Polvorilla. 

Esta vez contraté los servicios de la agencia Del Peregrino, una de las pocas que ofrecía la excursión por esos días, dado lo incierto del clima y la merma de turistas, ya que era temporada baja. También me resultó super recomendable por la seriedad y responsabilidad con que se manejaron. 

El jueves de la excursión, bien temprano, pasó a buscarme por el hotel Don Chicho Bonaparte con su camioneta. Mis tres jóvenes compañeros de viaje eran una parejita de Belgrano y una chica de Almagro que también viajaba por su cuenta.  Ese día también había amanecido lluvioso, pero apenas dejamos atrás la ciudad y sus alrededores, el clima cambió radicalmente y el sol se adueñó desde entonces del paisaje. 

La idea que rige esta excursión es la de recorrer en forma paralela el camino del Tren a las Nubes, que en esta época del año no funciona. Se hacen varias paradas a lo largo del trayecto para poder observar distintos aspectos del trazado del circuito férreo y tomar fotografías de los paisajes. Si se viaja en el Tren, es imposible detenerse en estos lugares. 

La primera parada fue en Campo Quijano, donde vimos la primera locomotora que hizo el recorrido del Tren. Más adelante nos detuvimos en el primero de los viaductos que aparecen en el trazado y caminamos por las vías para verlo en detalle y tomarnos más fotos. El primer pueblo al que arribamos a media mañana fue Santa Rosa de Tastil. Allí un grupo de artesanos del lugar ofrece sus artículos a los visitantes. Es un pueblo chiquito y muy pobre. La gente agradece a los turistas que les compren algo, ya que para muchos esa es la única forma de procurarse un ingreso digno para vivir. 

Luego de visitar Santa Rosa, seguimos directo hasta el Viaducto de la Polvorilla. Fue una suerte que pudiéramos llegar ya que, debido al clima, hasta el día anterior el camino había estado intransitable y muy pocos vehículos podían pasar. El Viaducto, imponente obra del ingenio del hombre, se yergue a 4200 de altura. Y la altura, se siente en el cuerpo... Nos falta el aire, nos duele la cabeza, tenemos sueño... Sacamos las mejores fotos que nos permiten nuestras cámaras y pegamos la vuelta. Ese es el último punto al que llega el viaje del Tren y desde allí empieza a volver. Nosotros fuimos para San Antonio de los Cobres, donde planeábamos almorzar. 

Ni bien bajamos de la camioneta al llegar a San Antonio, una nube de vendedoras de artesanías nos rodeó y nos seguían a todas partes pidiéndonos que les compráramos algo de lo que tenían para ofrecer. A veces, se alejaban protestando si no les comprábamos. Otras veces nos regalaban "piedritas energéticas" para la buena suerte. Tanto yo como una de las chicas que venía en el tour compramos algunas cositas porque nos daba mucha pena que nos pidieran con tanta insistencia. San Antonio de los Cobres es uno de los pueblos más pobres de la Argentina. Al llegar, se tiene la sensación de haber entrado en un pueblo semivacío, en construcción todavía. La iglesia no está terminada y no existe ningún elemento arquitectónico que caracterice al lugar, salvo la estación del Tren a las Nubes. La población masculina trabaja casi en su totalidad en las minas y suelen pasar mucho tiempo allí antes de regresar a sus hogares. Las mujeres se quedan en el pueblo con los chicos y se dedican a vender tejidos de lana de llama y adornitos a los turistas. En la zona se extrae piedra pómez y con ese material tallan pequeñas iglesias o casitas para vender a los visitantes como recuerdos. Después de almorzar unas empanadas riquísimas en un comedor cuyo nombre, lamentablemente, no recuerdo, dimos unas vueltas por el pueblo, mientras el fuerte viento levantaba el polvo de las calles y teñía todo de gris. Subimos a la camioneta y por un rato largo nos costó despegarnos de las caritas tristes y sucias de los chiquitos de San Antonio. 

Un rato después, llegamos a las ruinas de Santa Rosa de Tastil, un sitio arqueológico situado en las afueras del pueblito homónimo que habíamos visitado durante la mañana. Caminamos un poco entre las ruinas del asentamiento, pero el cansancio y los síntomas del apunamiento que todavía sentía, hicieron que mi paseo fuera breve y volviera rápido a refugiarme en la camioneta. 

El resto del viaje de vuelta lo pasamos dormitando de a ratos, parando algunas veces para ver mejor el Nevado del Acay, sentir en la cara el aguanieve que caía en medio de la puna, descubrir una cascada escondida al costado de una montaña verde y guardando en la memoria miles de imágenes imposibles de poner en palabras.

Llegamos a la ciudad de Salta alrededor de las seis y media de la tarde, luego de haber realizado un paseo intenso e inolvidable. Esa noche me fui a dormir temprano. A las siete de la mañana partía el ómnibus para mi siguiente destino: Humahuaca.

13 diciembre 2013

Crónica de un viaje al NOA 4/10: algunas cosas para tener en cuenta

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En general, todas las agencias de viajes hacen los mismos recorridos, solo varían los lugares donde se detienen para comer o donde se hacen las "paradas técnicas". Los precios son más o menos los mismos en todos lados y pueden modificarse un poco según los descuentos que cada una ofrezca por pago adelantado o en efectivo. 

Los tours que duran todo el día salen de 7 a 7.30 de la mañana y están de vuelta en la ciudad después de las seis de la tarde. Lo que aprendí a tener en cuenta es que cuando se viaja en temporada de lluvias (o sea, durante todo el verano), hay que hacer caso de la opinión de los lugareños sobre la conveniencia o no de tomar ciertas excursiones o de aventurarse por cuenta propia por algunos lugares. Ellos son quienes mejor conocen el clima y la geografía de la región y sus consejos son sabios y siempre acertados. Es muy importante viajar con choferes locales y con experiencia, ya que los caminos del noroeste argentino son complejos, riesgosos y, en gran parte, sumamente precarios. Quizás a veces es mejor resignar una excursión a determinado lugar cuando se está con poco tiempo, ya que se corren riesgos de pasar por situaciones que pueden terminar arruinando el viaje. 

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Crónica de un viaje al NOA 3/10: Cachi

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La primera excursión que tomé fue a Cachi. Contraté los servicios de la agencia Ferroturismo, que resultaron ser muy eficientes y recomendables. Estuve buscando precios de excursiones en Salta, pero seguí el consejo de no contratar nada de antemano, lo cual fue muy acertado ya que igual conseguí un descuento bastante importante por pagar en efectivo.  

A la mañana, bien temprano, Diego, el guía, me pasó a buscar por el hotel en una camioneta Kangoo. Mis compañeros de viaje eran un matrimonio de alemanes, muy simpáticos, pero que hablaban muy poco castellano y algo más de inglés, así que nos entendíamos en una mezcla rara de idiomas. 

El camino a Cachi fue bastante sorprendente. No solo por la belleza del paisaje, sino porque fuimos en un día lluvioso y tuvimos un par de situaciones imprevistas en la ruta que fueron hábilmente sorteados por nuestro guía, que no permitió que se nos opacara el paseo. La Quebrada del Escoipe y el cruce de El Infiernillo nos depararon la sorpresa más complicada de ese día. El río estaba crecido a causa de las intensas lluvias de los días anteriores y algunos vehículos debían ser remolcados para poder seguir el camino. Tuvimos que hacer una larga fila para tratar de cruzar el río, hasta que pudimos pasar sin que se nos quedara la camioneta. Los que estaban detrás de nosotros no fueron tan afortunados y el camino volvió a quedar cerrado durante algunas horas.    

Luego de una parada en El Maray para tomar un café y sacar fotos, llegamos a la Cuesta del Obispo. Si bien este tramo del camino es famoso por las vistas que se aprecian, ese día solamente podíamos ver unos pocos metros delante de nosotros y casi nada hacia los costados, debido a la densa niebla que cubría todo. Nunca vi el Valle Encantado ni ninguno de los paisajes que había visto fotografiados en internet. Así que solo puedo decir que fue un camino arduo y que quería que termináramos de dar vueltas cuanto antes.

Luego de pasar por la Piedra del Molino y de un abrupto cambio de clima, comenzó el Parque Nacional Los Cardones con la Recta del Tin Tin, impactante por su longitud y su exactitud geométrica. La aridez del paisaje puneño ya se experimentaba en toda esa región. Más adelante, antes de llegar a Cachi, estaba Payogasta, un pueblo pequeño con un paisaje bellísimo, donde solamente los tours paran si se quiere ir al almorzar, ya que dicen que se come mejor y más barato que en Cachi. 

Pero nosotros seguimos directamente hasta Cachi. Como el lugar adonde íbamos a almorzar estaba cerrado, Diego nos llevó a conocer un restaurante que se había reinaugurado hacía poco, en un parque temático cultural llamado Todo lo Nuestro. En el restaurante se sirven sabrosos platos regionales por un precio fijo incluido en la entrada. El circuito incluye una visita guiada por el Parque donde se recrean las costumbres y formas de vida de los antiguos habitantes de la región. Es muy interesante ver a través de las reconstrucciones cómo evolucionaron  las viviendas, desde los primeros restos hallados por los arqueólogos hasta la época colonial, y entender por qué se construían de determinada manera. El Parque es un emprendimiento de un grupo de habitantes de Cachi con el fin de difundir y hacer comprender el valor de la cultura aborígen de la zona. Fue hecho con mucho esfuerzo y también con mucho amor. Esta gente realiza, además, una serie de acciones sociales benéficas que buscan alejar a los adolescentes del alcohol y las drogas, organizando reuniones bailables para jóvenes dentro del restaurante, donde pueden divertirse en un ambiente familiar donde, por supuesto, no se permite el consumo de alcohol o drogas. También nos comentaron que ayudan a escuelas de la zona y a personas que necesitan sillas de ruedas a través de la colecta de materiales plásticos que luego canjean por sillas.  

El resto del tiempo que permanecimos en Cachi, lo dedicamos a recorrer las callecitas y a tomar fotografías. Es interesante el Museo Arqueológico "Pío Pablo Díaz" con sus momias conservadas casi sin necesidad de cuidados especiales gracias al clima del lugar. Hay varios puestos y locales de ventas de artesanías. Y también me pareció adorable la pequeña iglesia que caracteriza al pueblo. 

La vuelta a Salta fue menos complicada y, gracias a que la lluvia y la niebla habían disminuido, pudimos ver algunos de los lugares que antes habían estado ocultos. 

Llegamos a la ciudad cerca de las siete de la tarde, felices por haber pasado un día tan agradable.

12 diciembre 2013

Crónica de un viaje al NOA 2/10: Salta Capital

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Mis vacaciones empezaron un lunes de marzo al mediodía, cuando despegó el avión de Austral que me llevaría a Salta. El avión iba lleno de pasajeros franceses; tantos, que en algún momento me pareció que era la única argentina que estaba allí! Después de un tranquilo viaje de dos horas, llegamos al aeropuerto de la ciudad de Salta. Estaba lloviendo, como lo suponía, después de haber atravesado la barrera de nubes y de haber escuchado los reportes meteorológicos de los días previos.  

Ciudad de Salta
Desde el aeropuerto, tomé un taxi hasta el hotel que había reservado por internet. El Apart Hotel Ilusión, en el barrio El Portezuelo Norte, me sorprendió gratamente. Es un hotel sencillo, limpio y cómodo, con la modalidad de "departamento equipado con servicio de mucama". Allí tenía a mi disposición una habitación amplia con televisión por cable, aire acondicionado, kitchinette y un baño cómodo. No está previsto el desayuno, pero hay comodidad suficiente como para prepararlo. Allí estuve alojada durante los cinco días que permanecí en la ciudad y debo decir que no tuve ninguna queja respecto del servicio.  

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Cabildo de Salta
Esa semana que estuve en Salta me dediqué a conocer un poco más la ciudad que tanto me había gustado en mi primer viaje. Volví a recorrer las calles del centro, el Cabildo, la Catedral, la Iglesia de San Francisco y algunos lugares a los que no había tenido tiempo de ir antes como el Museo de la Ciudad "Casa de Hernández" y la Casa de Arias Rengel, donde funciona el Museo de Bellas Artes. Este último me parece un lugar imperdible: se exponen obras de artistas salteños, principalmente, aunque también hay artistas del resto del país. El día que lo visité, había una exposición muy interesante de arte tribal africano en conjunción con obras del plástico argentino Eduardo Mac Entyre sobre la misma temática.  

Otro lugar que visité fue el Museo "Pajarito Velarde", dedicado a recordar la obra de mecenazgo que Velarde desarrolló en favor de músicos de folklore y otros artistas argentinos. La casa está llena de recuerdos de los personajes que por allí pasaron y es interesante escuchar algunas anécdotas que sucedieron en ese lugar, pero la visita guiada obligatoria resulta un poco larga, ya que se extiende por casi tres cuartos de hora (o más! creo que perdí la cuenta del tiempo...), lo cual es demasiado por tratarse de un museo tan pequeño. Si se dispone de poco tiempo para estar en la ciudad, lo mejor es evitarla.  

Foto
Frente a la Plaza 9 de Julio
Me encantaron los locales de diseño que están en los alrededores de la Plaza 9 de Julio. Ofrecen objetos y textiles muy originales en los que incorporan elementos propios de la cultura de la región. Pero casi todo era demasiado caro para mi presupuesto y (¡por suerte!) en el que más me gustaba no aceptaban tarjetas de crédito... 

Uno de mis hallazgos de este viaje fue el Mercado de venta minorista que está en la peatonal Florida y Avda. San Martín. Es un edificio antiguo donde acude la gente de la ciudad para hacer las compras de todos los días. Lo que más me gustó fue que allí descubrí variedades de alimentos y otros artículos que son propios del Norte argentino y que casi no tenemos oportunidad de verlos o de consumirlos en otras regiones del país. También se puede almorzar, cenar o comprar comida para llevarse, todo muy rico y por precios módicos.  



Foto
Vista desde el Cerro San Bernardo
Dediqué una mañana a visitar el cerro San Bernardo, subiendo con el teleférico. El paseo es muy entretenido, sobre todo si se tiene la suerte de ir en un día soleado, ya que se aprecia una vista espectacular de la ciudad y de los cerros que la rodean. En el cerro hay un restaurante, bancos como para quedarse a descansar y apreciar el paisaje, y unos poquitos puestos de venta de artesanías y souvenirs para turistas. 


Foto
Plaza San Martín

Cuando bajé del cerro fui a almorzar al que se convirtió en mi restaurante favorito de la provincia: Doña Salta, justo frente a la iglesia de San Francisco. Espectaculares los platos regionales, de lo mejor que se puede encontrar en la zona. Imperdibles las empanadas y la humita en chala, pero también son exquisitos otros platos menos "folklóricos" como las pastas caseras. Los precios son razonables y la atención sumamente cordial. 

La tarde de ese día la dediqué a visitar el altar de la Virgen del Cerro, en el residencial barrio de Tres Cerritos. La subida al cerro es bastante exigente, por lo que decidí tomar un remise para subir por el tramo habilitado para los autos, ya que el calor a esa temprana hora de la tarde era implacable. El coche me acercó hasta donde está permitido y desde allí seguí ascendiendo por el camino de tierra marcado para los peregrinos. Para quienes no quieran o no puedan hacer toda la subida al cerro a pie, se puede arreglar con el chofer para que espere en la explanada durante el tiempo que se quiera estar allí y luego llevar a la persona de vuelta. El lugar es bellísimo y emana una paz sobrecogedora. Tuve el extraño privilegio de estar sola durante unos cuantos minutos en la ermita donde se venera a la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, y la experiencia me conmovió profundamente. El resto de la tarde lo dediqué a descansar y a prepararme para las excursiones que vendrían.  

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Crónica de un viaje al NOA 1/10: Salta y Jujuy

Este diario lo publiqué originalmente en la web de Viajeros.com en el año 2009. Es el relato de mi segundo viaje por Salta y Jujuy en el que pasé doce días recorriendo los lugares a los que no había podido llegar en mi primer viaje y deteniéndome un poco más en aquellos que me habían deslumbrado. 

En 2007 visité el Norte Argentino por primera vez. Con una amiga tomamos el tren en Retiro y viajamos durante 25 horas para llegar hasta San Miguel de Tucumán. En 10 días recorrimos Tucumán, Salta y Jujuy. Pero fue poco tiempo para tantos tesoros escondidos en esa mágica región del mundo. Ambas quedamos fascinadas con la experiencia y juramos que volveríamos. 

Dos años más tarde pude cumplir el sueño de conocer un poco más el Noroeste Argentino, aunque esta vez mi amiga no me pudo acompañar y viajé por mi cuenta. 

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